Un héroe pequeño. Un gran héroe.



Aitizaz Hassan era un adolescente de quince años. Murió ayer tratando de detener a un terrorista suicida que hizo estallar los explosivos que llevaba adosados, llevándoselo por delante, a las puertas de la escuela donde Aitizaz estudiaba, en Pakistán. Gracias a su decisión evitó una masacre. La noticia me emociona entre tanto ruido informativo (valga la contradicción). Me emociona porque habla del gesto impulsivo de un muchacho que, sin tener en cuenta las consecuencias para él, pensó primero en sus compañeros y en toda la gente que podría morir, al estilo de los mejores héroes, y se convirtió en un referente moral y ético que cumple ese destino que lleva a que muera uno para que se salven muchos, tan familiar para nosotros. El relato, además, se apoya en una foto que me dice mucho. Veo a Aitizaz y pienso que tal vez podía ser ese típico niño un poco gordito que no termina de encajar del todo. Además llegó tarde ese día a la escuela y por eso estaba en la puerta, castigado sin poder entrar en clase. Me lo imagino charlando con otros dos compañeros que también llegaron tarde, y que más tarde saldrían huyendo del terrorista, de las cosas de las que hablan los chicos de quince años, de sus problemas percibidos como terribles en esa edad tan difícil, del castigo, del mote que le pusieron al profesor que no les dejó entrar. El posible que esa mañana se levantara tarde por haber dormido mal pensando en una chica o soñando con la esperanza en un mundo justo (sólo los miserables o los muy golpeados por la vida no sueñan a los quince años con un mundo justo). Me emociona, sí. Me emociona mucho este muchacho que me recuerda bastante al mismo de quince años que yo fui, tal vez parecido a él en algunas cosas, y que hoy, frente a la cantidad de indignidad que nos rodea, se ha sentido identificado con el valor de quien es capaz de demostrar que los héroes se esconden a veces bajo el aspecto de un niño gordito con problemas y, por suerte, no se parecen en nada a los príncipes de los cuentos que, por lo general, viven en Suiza y están más pendientes de sus palacios que de sacrificarse por nada.

La noticia en EL PAÍS
La noticia en EL MUNDO

Comentarios